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  FUERZA PENTECOSTAL
  Mover del Espíritu
 

La Biblia es veraz y todo hombre mentiroso, a excepción de ella y dependiendo del escritor, toda verdad es relativa.

Para mi hermano en Cristo Antonio Siberio.

 

Introducción

Willis Collin HooverAl parecer, no debe ser cosa difícil escribir una historia de cosas que uno sabe dijo Hoover. Pero al comenzar se suscitan cuestiones que reclaman solución. En este caso se pregunta: ¿dónde está el comienzo de este avivamiento? ¿Comenzaría en 1909, cuando la Iglesia entera (Metodista Episcopal) de Valparaíso se empeñó en buscar el bautismo del Espíritu Santo? ¿O en 1907, cuando llegó a las manos del pastor Hoover la noticia del bautismo del fuego en los asilos para las niñas-viudas de la Pandita Ramabai, en la India? ¿O en 1902, cuando la iglesia fue movida a buscar y vivir en santidad, y así preparada para el fuego en 1909? ¿O en 1895, cuando el pastor Hoover fue conmovido por el espectáculo de una Iglesia en Chicago que vivía en constante avivamiento? ¿O en 1889, cuando en compañía con su joven esposa (que fue fiel participe en los trabajos, goces y penas hasta que su Señor le dio el ascenso a su presencia en 1921) se embarcaron para Chile?

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Desde antes del comienzo

No hay impedimento ninguno, sino el que esté en nosotros mismosComenzaremos relatando la llegada del Pastor Hoover a la Iglesia de Valparaíso en Febrero de 1902. En ese mes, al Rev. E. E . Wilson, pastor de la Iglesia Metodista Episcopal en Valparaíso, fue trasladado a los Estados Unidos, dejando una Iglesia bien organizada y ferviente en una atmósfera muy suave y agradable; así el año comenzó con Rev. W. C. Hoover como el nuevo pastor de la Iglesia.

En el año 1902, se estudiaba los hechos de lo Apóstoles. En un estudio bíblico, al principio del año, un hermano dirigió al pastor esta pregunta: “¿qué impide que nosotros seamos una iglesia como la iglesia primitiva?” el pastor le respondió: “No hay impedimento ninguno, sino el que esté en nosotros mismos.” Así que todo el año en la Escuela Dominical se buscó hallar la respuesta a esta inquietud.

El avivamiento de 1909 no fue algo casual, sino más bien el clímax un “mover” de Dios ante la búsqueda ferviente de una Iglesia que anhelaba más de Él y de su presencia que empezó en el año 1902. Hubo varios casos de conversión y santificación tan notables que faltaban poco para igualar a los de 1909.

En los testimonios tan prestos, y aún animados, se notaba en muchos una vaguedad que dio origen a una serie de sermones tendientes a aclarar el testimonio del Espíritu en la salvación. En seguida, una enseñanza clara y directa sobre la santidad. La semilla cayó en tierra bien preparada y hubo un avivamiento notable durante el año.

Cuando los que buscaban el perdón de sus pecados estaban reunidos alrededor del altar y se postraban para orar, la voz  unánime de ellos hacía perder completamente la voz del pastor, muy a su sorpresa; el Pastor Hoover observó que el espectáculo era extraño y espontáneo, pero a la vez reconocía que no tenía más que hacer que dejar al Espíritu obrar.

En una reunión de la liga (grupo de jóvenes), un día domingo, un joven guardián, orando, fue tomado de tal manera del espíritu de oración que prorrumpió en gritos tan fuertes que se aglomeró la gente a la puerta para ver la maravilla.

Algunos hermanos poseídos de un intenso deseo de recibir la experiencia de la santificación entera, se juntaron en reunión los domingos en la tarde y uno y otro recibió la bendición anhelada, uno de ellos con tanta manifestación del Espíritu que sus gritos se dejaron oír lejos.

En una reunión de testimonio  una hermana comenzó a dar su experiencia, cuando de repente extendió las manos hacia arriba, dio un grito, “¡Oh!” y quedó como extasiada por algunos momentos.

La iglesia creció y la organización fue ampliada hasta tener reuniones por casi toda la ciudad. Los guías de clase eran abnegados y muy empeñosos en visitar y atender a su clase. Varios de ellos que disponían de tiempo en su trabajo, destinaban medio día a la semana para visitar a su clase y eran constantes en informar al pastor del estado de sus miembros.

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Avivamientos paralelos

Pandita RamabayEn el año 1907 llegó a las manos del Pastor  un folleto que daba la historia de una obra maravillosa del Espíritu Santo, acompañada por fuego que tuvo lugar en la India en los asilos para niñas-viudas de la Pandita Ramabay, en donde tenía asiladas varios centenares jovencitas.

El folleto fue escrito por Miss Minnie Abrams, una colaboradora de Pandita, que había sido condiscípula con la Mrs. Hoover en Chicago, allí por el año 1887. La circunstancia de conocer a la autora que era la que había mandado el folleto, hizo que el Pastor Hoover examinara la historia con más atención. La maravilla para él y sus colaboradores era que el folleto hablaba de un bautismo claro y definitivo con el Espíritu Santo, como algo adicional a la justificación y la santificación, doctrinas que hasta entonces se creía que comprendían el total de la experiencia cristiana. Es entonces que el Pastor Hoover entra en correspondencia con la amiga de su esposa recibiendo por medio de ella más literatura sobre este tema de tan trascendental importancia. El interés crecía así como la correspondencia con otros cristianos de otras partes del mundo donde Dios se había manifestado. El Reverendo Tomas A. Bailly, y el Reverendo Max Wood Morehad, de la India, son algunos de los que ayudaron con sus experiencias y consejos a despertar aún más el interés del pastor Hoover y a la vez dar claridad sobre lo que estaba sucediendo en su Iglesia.

Así como se recibían las cartas y la literatura la Iglesia se empeñó en estudiar las Escrituras y en orar más. Así se llegó al convencimiento que había profundidades de la experiencia cristiana que aún no la habían alcanzado; y se despertó en el pastor Hoover y sus feligreses más allegados, un hambre de poseer todo lo que Dios tenía para los suyos.

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La construcción del Templo

Interior del Templo construido por el Rev. W. C. HooverEn Febrero de 1908 se dispuso la construcción de un nuevo templo. Así fue que durante el año 1908 la Iglesia fue reducida a replegarse a los locales repartidos por los cerros, y a ser dirigida, en gran parte por medio de los guías y exhortadores. Sin embargo, se anhelaba ver la congregación algún día reunida en el nuevo edificio. Como la casa del pastor Hoover estaba en fondo del terreno, para salir a la calle le era necesario pasar por la construcción del templo. Al pasar y ver las zanjas, y después los cimientos que abarcaban todo el extenso sitio y recordar que los planes contemplaban galerías por los tres lados, venía un cierto susto como si los planes eran demasiado ambiciosos. Pero al momento venía la voz de fe: “Señor Tú sabes que lo estamos edificando para Tu Gloria, para ser una red para cazar hombres. No permitas nunca que las paredes se rían de nosotros, llénalo de Tu Gloria y de almas para Tu alabanza” Hoover testifica: ¡Cuantas veces fue espantado el “espíritu de temor” con esta oración y en su lugar vino el espíritu de confianza, de reposo y de esperanza!

Y seguían los muros, el techo, las galerías, las puertas, las ventanas y se acercaba el día tan anhelado, el de entrar y tomar posesión en el Nombre del Señor de Su templo para alabar Su Nombre en él. No obstante la condición espiritual de la Iglesia dejaba mucho que desear, producto de las dificultades que vinieron como consecuencia del terremoto de 1906, además de que los trabajos de construcción ocupaban tanto la atención del Pastor con las cosas materiales que era inevitable que los intereses espirituales sufrieran.

La terminación de la construcción del nuevo templo de Valparaíso en la calle Olivar trajo un gran alivio a la congregación, que había estado tanto tiempo esparcida sin poder juntarse en un solo lugar. La noche del 31 de diciembre de 1908 los hermanos se reunieron por primera vez en la nueva casa de Dios para esperar el Año Nuevo. Faltaban pulpito, altar, luces y varias comodidades; pero desde las 8 de la noche hasta las 12 se glorificó a Dios con sermón, testimonios, oración y cánticos.

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Un buen comienzo de año

Orad sin cesar...En obediencia al ya formado propósito como a la costumbre universal evangélica, se observó la Semana de Oración (que es la primera semana completa en el año, o sea desde el primer domingo hasta el segundo) con reuniones todas las noches.  La primera reunión hubo una asistencia de cien personas más o menos.  Después de abrir la reunión se llamó a la oración, pero en esta ocasión ocurrió el mismo fenómeno que tuvo lugar en 1902, cuando en vez de orar uno por uno, todos a una voz rompieron en oración fuerte, como por un plan concertado.  Era como si la oración de un año hubiera sido encerrada y llegado el momento ya no se podía más sino romper el vaso y derramarla toda.  Ese ruido, como "de muchas aguas", duró como diez o quince minutos, y de a poco calmó hasta que todos se levantaron de rodillas.  Creo que todos fueron tan sorprendidos como el pastor, pero como él también reconocerían que era una manifestación del Espíritu de Dios. Esto volvió a suceder en esos días, pero no siempre. No se hizo ninguna cosa ni para impedirlo, ni para causarlo. Las reuniones siguieron una segunda semana más.

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La Clase de cinco

En esos días un hermano que trabajaba como sereno donde construían una casa, y por eso dormía de día, vino al pastor Hoover una tarde y le dijo, “Pastor, yo estaba durmiendo en mi casa hoy y el Señor vino y me dijo: ‘despiértate, quiero hablarte’. ―Le dije. 'Bueno Señor'. ―Dijo: ‘Anda donde tu pastor y dile que llame a algunos de  los hermanos mas espirituales y  que oren todos los días, porque voy a bautizarles con lenguas de fuego’.  ―Le dije: 'Bueno, Señor, y ¿puedo yo ser uno de ellos?’ ―‘Si’, me dijo; y así he venido inmediatamente”.

Meditando sobre este relato, fue fácil ver que era de Dios como una respuesta directa a las peticiones, que por tanto tiempo habían tenido esa dirección. Así es que se hizo conforme a estas palabras y desde el día siguiente, más o menos el 15 de Enero, se reunían todos los días en la oficina del pastor Hoover, a las cinco de la tarde, cinco personas para orar. Después, cuando lo supieron otros también se allegaron a la casa del pastor. A estas alturas, la oficina se hizo estrecha y tuvieron que cambiar la reunión de oración al templo. Se le llamó “La clase de cinco”. Siguió aumentando el número de personas, tanto que después en todas las iglesias del circuito, empezaron a reunirse a orar a las cinco de la tarde. Las primeras cinco personas fueron Carlos Gómez, Guillermo Castillo, Rosa Escobar de Pino, Ramón Yáñez y Mrs. Hoover.

Como en esos días se acercaba la Conferencia, varios de los pastores que iban de paso se unieron en estas reuniones de oración. La Conferencia Anual se realizó en Temuco, en febrero de 1909.

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Vigilias de Oración

Mientras el pastor Hoover estaba en Conferencia el hermano que dirigió el culto usó el Capítulo 2 de Joel y, llamando a sus hermanos de la Junta Oficial ellos tomaron asiento en las primeras bancas.  Él entonces echó sobre la Junta Oficial (incluyéndose con ellos) la responsabilidad por la condición de la Iglesia llamándolos al arrepentimiento y para arreglar cuentas con Dios. Entonces rodearon el Altar la Junta Oficial y otros muchos y clamaron al Señor. Al terminar la reunión rogó a la Junta Oficial que se quedara con él para arreglar este asunto aunque ocupara toda la noche.  Muchos de ellos permanecieron y algunos más, y allí quedaron en oración hasta la mañana del lunes.  Como a las dos o tres de la madrugada hincados alrededor del Altar, sintieron que Jesús pasó alrededor adentro del Altar y puso la mano sobre sus cabezas.  Un her­mano vio en visión un brasero de fuego en medio de la plataforma. Tanta fue la bendición que habían ganado con esta noche de comunión con el Señor, que algunos pidieron que el hermano anunciara otra reunión semejante, lo que hizo, seña­lando el sábado próximo.

Cuando llegó el pastor de la Conferencia y se le preguntó: ‘¿Qué hará sobre esta vigilia anunciada en su ausencia?’ A lo que respondió con certeza: ‘Llevarla a efecto, por supuesto.  Estamos empeñados en buscar el bautismo del Espíritu Santo y no hemos de perdonar sacrificio; si los medios ordinarios no bastan, usaremos medios extraordinarios.’

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Una busqueda constante

Esa noche, la del 20 de Febrero, se reunieron en una salita pequeña de la Iglesia unas treinta personas para esperar el Bautismo del Espíritu Santo.  Después de orar toda la noche, sin que nada especial sucediera, se trasladaron al templo dando término a la reunión sin que nadie tuviera apuro de retirarse del recinto. En ese instante el pastor Hoover se puso a caminar frente al Altar, meditando, cantando un himno en voz baja y preguntándose a sí mismo si habían tenido alguna ganancia, cuándo de repente sintió que la voz se quebraba y que ya no podía cantar sino que rompió en un llanto que le sacu­dió todo, a la vez sintió que se llenó todo su ser hasta la punta de los dedos de una dulzura indescriptible, y en medio de los llantos salían las palabras "¡mi Salvador, mi Salvador'!''. Este llanto duró un buen rato y cuando se calmó el pastor se levantó y siguió caminando, ya no preguntando si había gana­do algo, sino lleno de una dulzura inefable, siguió el cantando en voz baja. No tardó otra interrupción, esta vez con una risa tan fuerte e incontenible que tuvo que sentar­se y seguir riendo. Esta duró algunos minutos. Después de calmarse, despidieron la vigilia.

En las vigilias uno y otro se acercó más a Dios y Él descubría a los corazones las cosas que le había impedido progresar en la vida cristiana.  Un hermano salió de una vigilia para llevar a su dueño unas prendas que se le había encomendado para guardarlas en el tiempo del terremoto de 1906.  La conciencia dormida fue despertada en estas noches. En la semana siguiente ese hermano halló la dulzura  que acompañaba la obediencia, porque en la oración fue tomado de una risa dulce, como de comunión agradable con un amigo, que le duró largo rato. Confesiones y restituciones fueron hechas.  Se hicieron viajes a otras partes para corregir y arreglar cosas de conciencia.

Las vigilias continuaron como siete semanas, hasta la Semana Santa, cuando en lugar de una vigilia, se hizo una reunión de todo el día domingo, desde las 7:30 horas de la mañana. Ese día domingo, 11 de Abril, fue memorable.  Algu­nos se retiraron para almorzar; pero otros que­daron en ayuno todo el día. Un hermano en ese día abandonó el tabaco y fue transformado de una manera notable.  En la oración de la mañana, una hermana fue tomada en risa, y por una hora se rió sin poder cesar, retirándose a otra parte de la Iglesia para no interrumpir la reunión. En la tarde se le volvió la risa por una media hora. En la noche de ese día se celebró la Santa Cena, era la costumbre del Pastor llevar la cena a los enfermos en los días siguientes. Así el martes la llevo a un enfermo. En la visita procuró, como siempre, llevar los pensamientos del enfermo a la esperanza y fe en Cristo, y de cosas espirituales, pero en este caso, en vano. Su condición física, sus doctores y sus medicinas llevaban la vista, la conversación y el pensamiento. El Pastor Hoover se retiró de esa casa profundamente abatido. Ese enfermo va a morir, ¿es salvo? Difícil es estar seguro. ¡Que cuadro más triste! Pero, ¿que se puede esperar con un Pastor semejante? Así salían las palabras de su boca, hablando consigo mismo o con Dios. Al oír estas últimas palabras se produjo un efecto como si Dios las había hablado en respuesta a sus lamentos. Así que caminando para la casa continuó, como contestando al Señor, ―De veras Señor, ¿qué se puede esperar con un Pastor semejante?, pues, destruye este Pastor; y esta petición ocupó toda su atención y la siguió ofreciendo hasta llegar a su casa.

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¡Destruye a este pastor!

Eran las cinco de la tarde, se había trasladado la oración de esa hora a la salida de la Iglesia, y los que deseaban asistían. Entrando en la salita el Pastor Hoover se postró siempre con una petición, repitiéndola constantemente: Destruye a este Pastor; no permitas que tu obra sea detenida por causa de un hombre; ¡destrúyele, destrúyele! Esto duró por dos horas. Los hermanos entraban, oraban y salían (porque así era la reunión, sin otra formalidad) y el Pastor no hizo caso para dejar su porfiado clamor. Al levantarse después de las siete, se puso a preparar las bancas y luces para una reunión especial de la Junta Oficial citado solo para orar.

En eso entraron dos hermanas que habían estado en la oración, dijo una: ¡Pastor, íbamos para la casa y el Señor me dijo que volviera y le dijese que tiene la bendición que busca. Mientras yo oraba le veía al Señor que vino donde usted y a la manera como usted reparte la Santa Cena, así le vi pasarle a usted una copa y usted la recibió. ―Le contestó: ¡Gracias hermana!, no siento nada, sino una tranquilidad de que tengo mi petición delante del Señor.

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El pastor Hoover, la primicia

El Jueves 15 de Abril, preparándose para ir Coquimbo y Vallenar en la tarde, el Pastor Hoover estaba sentado en su estudio escribiendo en la maquina, cuando llegó su ayudante, Hermano Castillo. Se pusieron a orar ante otra cosa, como de costumbre. El Pastor oró como media hora en dulce conversación con el Señor, en seguida oró el hermano Castillo, poniendo las manos sobre el hombro del Pastor daba gracias por la unión que existía entre los dos en la obra, porque, dijo: ‘la obra no es humana’, al oír estas palabras, como una flecha traspasa el corazón, vino una risa al Pastor tan violenta e irresistible que quedaron los dos por quince minutos allí bajo su poder, sentándose enseguida, se pusieron a conversar sobre la dulzura de la comunión con Dios, cuando, de repente, comenzaron las palabra a salir de la boca del Pastor en golpes y gritos, como de un volcán en erupción, vino la familia para ver, quedando atónitos. Al rato la violencia de la manifestación se calmó; pero todo el día el habla vino con golpes como de empuje interior forzándola, acompañada con lágrimas.

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Frutos vs Críticas

El avivamiento desde su principio fue acompañado por manifestaciones extraordinarias de diversas clases; risas, lloro, gritos, canto, lenguas extrañas, visiones, éxtasis en las que la persona caía al suelo y se sentía trasladada a otra parte, al cielo, al paraíso, a campos hermosos, con experiencias variadas- hablan con el Señor, con Ángeles o con el diablo. Los que pasaban por estas experiencias se gozaban mucho y generalmente fueron muy cambiados y llenados de alabanzas, del espíritu de oración, de amor.

Estas cosas eran extrañas, pero aparecían gradualmente y fueron por lo general acompañadas por frutos buenos, de manera que esto confirmaba que eran de Dios. Algunas veces había evidencia de otros espíritus, pero esto no amedrentaba al pastor Hoover, ni lo hizo incrédulo, (aunque había tentación en esa dirección), sino lo hacia examinar los espíritus  y le recordaba lo escrito en el libro de Job cuando vinieron los hijos de Dios a presentarse delante de Jehová, entre ellos también vino Satán; y que cuando Moisés se presentó ante Faraón e hizo los prodigios que Dios le mandó, los magos también hicieron lo mismo con sus encantamientos.

Pero los que no estaban cerca para poder ver el desarrollo gradual y lógico de los acontecimientos (como los pastores en otros pueblos), y los que no estaban en plena simpatía con el movimiento, todos estos encontraron reprensibles estas cosas, las criticaban, diciendo que el Pastor debía poner término a ellas. Así que se comenzó una desavenencia que se iba acentuando con el desarrollo de las cosas.

Tal vez la ofensa principal en estas cosas ha sido la manifestación de lenguas extrañas, y el hecho de que acompañaba y evidenciaba al bautismo con el Espíritu Santo. Este hecho hacía sentir a muchos cristianos una interrogación en sí mismo de si ellos tenían el bautismo del Espíritu Santo, lo que era hiriente a su amor propio y, si no les traía un hambre para buscarlo, era calculada para despertar una resistencia en su corazón. Aunque la Iglesia crecía de una manera tan notable, el pastor Hoover continuaba siendo el blanco de críticas y oposición.

Mientras tanto la iglesia crecía de una manera fenomenal, como un solo dato servirá para constar: La Escuela Dominical tuvo por término medio de asistencia en julio, 363, en agosto de 425, y en septiembre, de 527; y la clase de jóvenes enseñada por el pastor, subió durante el trimestre desde 60 hasta 105 de asistencia, llegando los nombres en ese trimestre a 186 en esa sola clase.

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La hermana Elena Laidlaw

En el mes de agosto, durante la ausencia del pastor, llegó a su casa una joven inglesa, tal vez de 30 años de edad, viniendo del hospital convaleciente de una operación. Fue recibida y atendida por la esposa del pastor. Era una joven que era huérfana desde la edad de dos años. El Pastor Metodista Rolando Powell la crió hasta que cumplió los catorce años. Ella era inteligente y su conocimiento de pasajes bíblicos, que había memorizado durante su niñez, era extraordinario. Lamentablemente al abandonar el hogar, comenzó una vida de inmoralidad. La esposa del pastor Hoover la llevó a las reuniones y fue convertida de una manera poderosa y bautizada con el Espíritu Santo. Como en varias otras personas de ambos sexos, con el bautismo le sobrevino un poder notable y extraño, de manera que hablaba con un poder que convencía a muchos de pecado y se convirtieron al Señor. Entre algunos de los bautizados en la Iglesia se suscitó una cierta desavenencia por causa de la grandeza de las manifestaciones en ella, lo que causó extrañeza por lo nueva que era. En esta dificultad se juntaron en una especie de concilio, orando y pidiendo luz a Dios y confiriendo entre sí; con el resultado que tuvieron luz y armonía y paz, y así el pastor los halló en su regreso. Esta joven, Elena Laidlaw, cuando el Espíritu la tomaba iba a cualquiera parte de la congregación con ojos cerrados, sacaba de en medio alguna persona, la hacía hincarse, le decía las cosas que tenía en su corazón, le llamaba al arrepentimiento, le ponía las manos encima y oraba y bendecía. Varios reconocieron la verdad y así se convirtieron. A algunos esto era una ofensa y se resistieron.

Como en ese tiempo todas estas cosas eran tan nuevas y extrañas, el pastor Hoover se vio en el deber de estudiarlas; y para eso era necesario dejar cierta libertad. Viendo tanto fruto bueno no podía condenarlas meramente porque estaban fuera de la experiencia que hasta entonces tenía. El Pastor Hoover llegó a la conclusión de que habían pedido lo que no tenían, por lo tanto forzosamente las cosas tenían que ser nuevas y extrañas.

Cuando empezó la próxima reunión, la hermana Elena Laidlaw se dirigió hacia el pastor. Ante los ojos escandalizados de la iglesia, Mr. Hoover se hincó y permitió que la hermana Elena profetizara sobre él.

Lamentablemente, a pesar de la manera que la hermana Elena fue usada por Dios, no fue fiel a la fe. El error de haberle dado a una persona nueva tanta autoridad no demoró en suscitar problemas. Años después del despertamiento, Hoover reconoció en una publicación este error, tomando la oración de Juan Wesley como slogan: “Señor, danos otro avivamiento como aquél que nos diste, si fuera posible, sin los errores y las extravagancias que lo acompañaban; pero en todo caso danos el avivamiento”.

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Perder para ganar

Llegamos ahora a uno de los días más memorables en esta historia; el día en que, como un rayo repentino de un cielo sin nubes, estalló una separación ni soñada, ni menos preparada; al menos por los participantes del avivamiento.

En los primeros días de septiembre la hermana Elena quiso ir a Santiago para ver a una hermana carnal suya que estaba enferma. Como siempre se hace en circunstancias semejantes, se le dio una carta de constancia de su persona y de su relación a la iglesia, para los pastores donde iba.

Para entender los sucesos que se relatan se debe entender que los pastores metodistas de Santiago ya se habían formado opiniones desfavorables acerca del avivamiento en la Iglesia Metodista de Valparaíso y en particular sobre la persona de la hermana Elena. Además, los pastores de Santiago fueron educados en la teología moderna y miraban en menos al Rev. Hoover, quien se aferraba a las enseñanzas básicas de Juan Wesley. Ya habían decidido que el avivamiento de Valparaíso había pasado más allá de lo que ellos querían aceptar. Por lo tanto, decidieron no permitir lo que ellos consideraban “excesos” en sus iglesias.

El día 11 de septiembre, a las 2 p.m., llegaba a las manos de los hermanos de Santiago un telegrama, despachado en Valparaíso, anunciándonos la llegada en el tren ordinario de ese mismo día, de una de las hermanas de la Iglesia de Valparaíso, llamada Elena.  Este telegrama fue recibido por una persona que no conocía a dicha hermana, pues en Santiago, aparte de los Reverendos Rice y Robinson, que habían ido exclusivamente a conocerla, no había otra persona que la conociera, sino solamente el hermano Victor Pavez,que había tenido la oportunidad de verla durante su estadía en Valparaíso. Una vez encontrándose la hermanaElena en el hogar donde se hospedaría, le preguntaron acerca del objeto de su viaje, dando a conocer lo referente a la enfermedad de su hermana carnal, y a la vez aprovechando la oportunidad para dar un mensaje que había recibido de parte de Dios, el cual fue de gran provecho para los oyentes, por venir conforme a la Palabra de Dios. El mensaje fue el siguiente:

Primero, hacer un registro de nuestro corazón para ver si alguna de las cosas que son abominables ante los ojos de Dios, y que están expresadas en el capítulo 6 de Proverbios, versículos 16 al 19, y

Segundo, si hemos hallado alguna imperfección en nuestro corazón y llegamos a reconocernos inmundos ante la presencia de Dios, buscar las preciosas ofertas que nos hace nuestro Dios en el libro de Isaías, capítulo 55 y una vez que hemos admitido estas ofertas aprovecharnos del poder que nos ofrece en el capítulo 14 de San Juan.

Al día siguiente, los hermanos esperaban presentar este testimonio a los demás hermanos que no habían tenido la oportunidad de oírlo esa noche. Con ese fin llevaron a la hermana Elena a la Escuela Dominical. Una vez terminadas las clases y reunida la congregación con el fin de dar los avisos de costumbre y recibir la ofrenda, la hermana Elena, aprovechando este tiempo, pidió permiso al pastor de la Iglesia, Reverendo Robinson, para saludar y dar las nuevas a la congregación, pero el pastor, habiendo tenido conocimiento que ella era de Valparaíso, se opuso tenazmente, entonando un himno, a fin de ahogar las súplicas de esta hermana y toda la congregación. Habiendo sido objeto de tan abierto desprecio, algunos de los hermanos se dirigieron al pastor para preguntarle cuál era el motivo que lo había inducido a proceder con tan jerárquica resolu­ción, recibiendo como respuesta la orden de abandonar inmediata­mente la iglesia, con la advertencia que desde ese mis­mo momento quedaban destituidos de la congregación.

En vista de este proceder, los hermanos se retiraron a sus hogares, a fin de asistir a la predicación de costumbre, a las 3:30 p.m., en la Población Montiel.

Cuando llegó la hermana Elena, la reunión ya había comenzado. Como el Reverendo Robinson vio a la hermana Elena, y mientras la congregación cantaba todavía, se dirigió a ella y le dijo, en inglés: "Si habla usted alguna cosa, la mando a la cárcel". Aquí la hermana Elena sintió dos voces de mando: La del Pastor, que le decía que si hablaba la mandaba a la cárcel y la del Espíritu de Dios que le decía en su corazón: "Habla y no calles". Pues bien, queriendo obedecer a la voz de Dios, pidió permiso para que se le dejase hablar mientras se recibía la ofrenda; pero no pudo hacerlo porque fue tan mal atendida como lo había sido en la mañana. Aquí fue cuando gran parte de los hermanos trataron de conseguir con el pastor que se le dejara hablar; pero como fue del todo imposible, tuvieron que salir afuera del templo, y una vez allí, ella entregó el mensaje. Eran aproximadamente 170 personas. Luego los hermanos volvieron a entrar al templo con el fin de ponerse en oración, para así conseguir que el pastor se tranquilizara un poco.

Estando todos entregados a la oración, un hermano, cuyo nombre es Miguel Carrasco, revestido de una sencillez digna de su propio carácter, quiso conseguir tranquilizar al pastor Robinson, y a causa de su poco juicio y sencillez trató de darle un abrazo, cuyo acto fue tomado tan a mal por el pastor, el cual, queriendo desasirse de él, lo hizo con tanta violencia que el hermano Carrasco tuvo que verse en la necesidad de asegurarse del mismo pastor para no caer; pero la fuerza con que fue ejecutado este acto no sólo hizo caer al hermano Carrasco, sino que, el pastor y hermano fueron a dar al suelo, cayendo el Rev. Robinson sobre el hermano Carrasco, y con tan mala suerte que la cabeza del pastor fue a dar sobre el canto de la puerta que se encontraba entreabierta, causándose una leve herida en el cráneo. Al notarse él esta pequeña herida, su irritación tomó mayores proporciones, y dio voces pidiendo la compañía de los que querían ser sus amigos, reuniendo con este llamamiento no más de 7 personas, dispuestas a ganarse su aprecio. Al ver los hermanos que su irritación había llegado al punto culminante, se fueron a celebrar la reunión en la casa del hermanoCarlos del Campo, que distaba solamente unos cinco metros de la iglesia. Reunidos allí, dirigió la palabra el hermano Víctor Pavez, el cual exhortó a la congregación a que tuvieran paciencia y amor de Dios, haciendo presentes las palabras del Señor, que dicen: "Mía es la venganza”. Esta exhortación fue un verdadero bálsamo a las almas allí reunidas. Terminado lo que fue el sermón los hermanos se retiraron a sus casas, llenos de gozo y confianza en el Señor, para asistir en la noche a la Primera Iglesia de Portales, a la cual había de asistir la hermana Elena.

A las 7:30 p.m. se daba principio a la reunión en la Primera Iglesia de Portales, cantando el himno 41. Una vez hecha la oración, se dio lectura a la Palabra de Dios en el capitulo 18 de San Lucas, tomándose para la meditación los versículos 10 al 12. Tomó la predicación el Rev. Ezra Baumann, encontrándose presentes los hermanos W.F. Rice y Karl Hansen. El Rev. Dr. W.F. Rice había recibido noticias acerca de lo sucedido en la Población Montiel, como a las 5:30 de la tarde en circunstancias que se encontraba en Apoquindo, a donde había ido a pasar el domingo.

Pues bien, una vez que hubo terminado el culto, y cuando ya se iba a cantar el último himno, la hermanaElena, que había llegado a las 8:35, se puso de pie y pidió permiso para hablar después que se hubiese cantado el himno, recibiendo del Rev. Baumann respuesta favorable; pero tan pronto, cuando quiso hablar, vio delante de sí a un fornido guardián, el cual había sido invitado por el superintendente de Distrito, Rev. Dr. W.F. Rice, para que llevara consigo a la Comisaría a la hermana Elena, que no había sido merecedora de la simpatía de ninguno de los reverendos.

En virtud de tan poco honorable proceder, hubo una protesta general; pero que no sirvió para calmar el ánimo del Rev. Dr. Rice, sino que, tomando la dirección de la 7a. Comisaría, pidió fuerza armada para venir y llevar presa a la hermana Elena y arrojar a la calle a toda la Iglesia.

Una vez en la calle, y viendo desfilar el pelotón de policías llevando consigo a la hermana Elena, los hermanos la acompañaron hasta la Comisaría; y así, formando un grueso a la retaguardia, se pusieron en marcha, cantando el himno "El fuego y la nieve". Cuando llegaron al cuartel, la hermana fue introducida al cuerpo de guardia, y todos los hermanos fueron obligados a retirarse. No obstante, los hermanos, deseosos de saber el resultado que tendría esto, se quedaron por los alrededores, hasta ver la llegada del cuerpo eclesiástico, compuesto ya por los cuatro reverendos, Rice, Robinson, Hansen y Baumann, los cuales no usaron de la verdad para hacer su acusación, y en consecuencia, quedó la hermana Elena con citación al juzgado del crimen.

Una vez visto el último resultado, los hermanos regresaron a sus hogares, no sin antes ver salir a los pastores, los cuales fueron tan bien atendidos por el señor oficial de guardia, que los hizo acompañar a sus casas por 2 miembros del cuerpo de policía. Con esto se dio término a lo sucedido en ese día memorable del 12 de septiembre de 1909.

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Una ruptura inevitable

Así, sin pensar, ni desearlo, las dos congregaciones se encontraron separadas de sus pastores y de la Iglesia Metodista. Los hermanos de las iglesias de Santiago escribieron cartas al pastor Hoover pidiendo consejo. A lo que el pastor Hoover les aconsejó a que reconocieran que habían obrado con ligereza y erradamente, que pidieran perdón y volvieran a la iglesia. En obediencia al consejo lo hicieron (al menos, los de la segunda iglesia). Escribieron una carta en ese sentido y por una comisión la mandaron al pastor. Este no quiso admitir la carta ni recibir a la comisión, así confirmaron la ruptura. En estas circunstancias esos hermanos no tuvieron otra alternativa sino tener sus reuniones aparte; lo que hicieron, abrigando la esperanza de que en la próxima Conferencia Anual (que seria en febrero ) hubiera algún medio de arreglo.

Con el ánimo de facilitar tal arreglo cada grupo escribió una carta al Obispo, dando un relato sencillo de los sucesos, y expresando sus deseos de permanecer miembros leales y fieles de la Iglesia. Las hicieron traducir al inglés y las mandaron, para que el señor Obispo pudiera tener conocimiento del caso y de meditarlo antes de llegar a la Conferencia.

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El sensacionalista diario “El Chileno”

En un diario de la época, denominado “El Chileno” se comenzó la publicación de un reportaje de dos a tres columnas diarias por dos semanas, lo que fue un tejido de verdad y mentira con el colorido que convenía para producir una sensación de burla y desprecio. Un reportero de este diario hizo una acusación criminal contra el pastor Hoover ante el juez del crimen. La acusación decía, entre otras cosas, que el pastor daba a la gente “un brebaje que se llamaba la sangre del cordero, lo que les ponía en un letargo y les hacía caer al suelo”. El pastor Hoover fue citado varias veces. En una ocasión, tal vez la última, el señor juez pidió al pastor sus credenciales, y tuvo que volver a la casa para traer los certificados de ordenación. Al traerlos trajo también un ejemplar del Nuevo Testamento subrayado. Después de presentar los primeros, presentó enseguida el Nuevo Testamento, y leyó en San Marcos 16:15, “Id por todo el mundo, y predicad el evangelio a toda criatura”,diciéndole: “Aquellas son mis credenciales dadas por las autoridades de mi Iglesia; pero aquí están mis credenciales dadas por mi Señor y Salvador”, y le regaló el Testamento. Al salir de la audiencia el secretario siguió al pastor Hoover y le pidió por favor que le consiguiera un ejemplar para él; lo que para el pastor era muy grato y lo hizo el día siguiente, llevándolo al mismo juzgado.

Este proceso, si se puede llamarlo tal, porque nunca llegó a un fallo, sirvió de alimento para “El Chileno”, y otros diarios que también comentaban los sucesos. Los otros pastores en Chile, viendo estos artículos extravagantes, que aún hablaban de la clausura de la Iglesia en Valparaíso, se alarmaban y mandaban telegramas preguntando que había de verídico en estos artículos lo que naturalmente aumentaba el trabajo del pastor para aclararles sus dudas a cada uno en particular, puesto que “El Cristiano”, periódico oficial de la Iglesia Metodista Episcopal, cuyo editor era el pastor de la Segunda Iglesia en Santiago, se negó a publicar noticia alguna de la Iglesia en Valparaíso.

En conexión con la acusación criminal, el reportero, para hacer la cosa más sensacional, quiso inmiscuir al Cónsul Americano visitándole con el pretexto que el pastor estaba escudándose bajo la protección del gobierno de los Estados Unidos. Dicho caballero se intranquilizó y en compañía con un pastor presbiteriano visitó al pastor Hoover, protestando del escándalo general que estas cosas estaban causando y aconsejando que se las reprimieran, dudando de que fueran de Dios. El pastor Hoover les respondió, como tuvo que responder a otros en varias ocasiones: “Hemos pedido a Dios que nos bautizara con el Espíritu Santo, y esto es lo que ha venido. El Señor dijo: ¿Que hombre hay de vosotros, a quien si su hijo pidiere pan, le dará una piedra? ¿Puedo creer que Dios nos ha dado una piedra cuando le pedimos pan? “Oh, no, no” respondieron los caballeros, y se retiraron confundidos, pero, al parecer, no convencidos.

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¡Dios es amor!

Cuando recientemente había caído el Espíritu Santo con poder, las personas bautizadas, fueran niños, hombres o mujeres, se sentían impulsadas a salir a las calles y pregonar a toda voz, a ir a sus amigos y vecinos, a hacer viajes a otras partes, con el solo fin de llamar al arrepentimiento a los hombres y hacerles saber por su testimonio que tan sublime experiencia era un privilegio que estaba al alcance de toda persona hoy, tal como en los días de los apóstoles.

Un domingo en la tarde, un joven estaba en la reunión, talvez por segunda o tercera vez, orando con muchos en el altar, de repente se levantó y con rostro encendido con fervor, como con un impulso irresistible dijo: “Dios es amor”, lo repitió varias veces, luego dijo: ‘tengo que repetirlo en la calle’, y se fue corriendo por todo el pasillo de la Iglesia, empujó la mampara y salió. Hincándose en medio de la calle gritó una y otra vez “Dios es amor”, y enseguida, “Dios es amor en la cocina, y Dios es amor en la cantina”; se levantó y corrió a una cantina cercana y entrando alzó otra vez la voz con “Dios es amor”. El cantinero no soportó el mensaje, y menos al mensajero, y llamando a un guardián lo mandó a la comisaría. Uno que le había seguido de la Iglesia le paso su sombrero; y al ir con el guardián dijo: ‘No importa, ya está dado el mensaje’. En la noche después del culto varios hermanos conversaban alrededor del altar, cuando de repente abrió la mampara y entró corriendo así como había salido en la tarde el joven que fue llevado por el guardián. Corrió al altar hincándose, alabó a Dios por su misericordia. Tan nuevo era ese joven que nadie le conoció ni su nombre ni nada de él hasta después de este incidente.

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Y derramaré de mi Espíritu sobre toda carne

Una tarde, al contestar un llamado a la puerta, el pastor Hoover vio a un hombre desconocido con sombrero en la mano, temblando de pies a cabeza, quien le dijo: ‘¿Es usted el pastor?’ ―Si, le contestó. Como con voz de asombro o de susto el hombre dijo: ‘Soy un hombre tan malo y vengo para que usted ore por mí’. El pastor le invitó a entrar y sentarse; pero el hombre, al entrar, cayó inmediatamente de rodillas llorando con violencia. El pastor no tuvo más que hincarse y también orar, aunque el hombre no hizo caso en nada, sino entre su lloro como pudo hablaba así a Dios: ‘He sido un hombre tan malo. He sido tan blasfemo. Te he negado Señor.’ Y así por un buen rato. Cuando se calmó, se le oyó decir, con voz de asombro pero contento, ‘¡Señor, siempre te había figurado lejos, y aquí estás conmigo!’ El pastor no tuvo necesidad de orar (aunque oró), porque así el hombre se entendió solo con Dios. Al sentarse después de la oración, el hombre, con un rostro que figuraba la salida del sol después de una lluvia, dijo: ‘¿cómo voy a poder unirme con mis hermanos?’ ―¿Qué sabía ese hombre de hermanos? Blasfemo, ateo, cabecillas de socialistas en el gremio de los panaderos (como contaba, sentado allí), orador de renombre, muy aplaudido cuando negaba la existencia de Dios. Dijo que un día o dos antes (como dormía de día) había despertado llorando sin saber por qué, y muy extrañado de sí mismo se sacudió preguntándose, ¿Qué es esto? ¿Estoy loco? No; estoy en mis sentidos. ¿Qué, pues, puede ser esto? ¿Será que los demonios están saliendo de mí? Entonces dijo, “traté a Dios como compañero, y le dije, “Señor, acompáñame en mi voto de nunca tomar más”; y desde ese tiempo no tuvo sosiego hasta encontrar al pastor.

Esto era uno de varios casos de personas despertadas del sueño para arrepentirse. El Espíritu venía sobre las mujeres trabajando a solas en casa; caían al suelo y veían visiones. Hombres sacudidos en la cama, apareciéndoles el Señor y conversándoles cosas sublimes.

Una niña de doce años que había ido al paseo anual, pero nunca a la iglesia, días después, en el colegio barriendo después de las clases, fue tomada por el Espíritu, asombrando a su compañera y a la profesora que fue llamada. Un joven de dieciséis años, bañándose fue tendido en las rocas en comunión con Dios, inconsciente de las burlas y los pinchazos de sus compañeros. Una joven, volviendo a casa con su padre de la reunión, fue tomada por el Espíritu de manera que gritaba “¡Gloria a Dios!” a toda boca y fue llevada a la comisaría. Se hincó allí en el cemento y alabó a Dios y exhortó a los guardianes. El padre les explicó a sus preguntas que era su costumbre conversar con sus hijos de las cosas de Dios y esto es lo que resultó.

Una niña de doce años llamada Pastorisa, hija de la lavandera de una hermana, fue invitada a un paseo. No era de la iglesia, pero en el paseo aprendió un himno que le gustó mucho. Algunos días después, cantando ese himno en su casa, la niña cayó al suelo. Luego comenzó a hablar en una lengua desconocida. Estaba presente un empleado del hotel Bristol (donde su madre trabajaba), quien entendió que estaba hablando en ingles e interpretó sus palabras. Decía que Dios le decía al padre de la niña que la dejara ir a la iglesia y que se arrepintiera, o si no, sería condenado. Algunos días después esta niña estaba conversando con otra niña en la escuela cuando la otra niña cayó al suelo y comenzó a glorificar a Dios.

Una niña de la iglesia, llamada Blanca, fue a un paseo campestre con la escuela publica donde asistía, se apartó de las demás niñas con la otra para orar, y la otra cayó a la tierra y comenzó a alabar a Dios.

En uno de los domingos poco después que cayó el Espíritu Santo sobre la Iglesia, el secretario debía leer el informe de la Escuela Dominical, sin embargo no lo pudo hacer porque estaba tendido en el suelo bajo el poder del Espíritu. El Superintendente lo leyó. Siguieron los ejercicios de finalizar la Escuela y se cantaba el último himno. El Superintendente debía terminar con oración y tampoco lo pudo hacer, porque ahora él estaba tendido bajo el poder del Espíritu. El secretario que había vuelto en sí despidió la Escuela. Los hermanos se retiraron y quedó el pastor con uno o dos hermanos con el hermano tendido en el suelo, que quedó así por más de una hora. En esa hora sucedieron cosas de las más maravillosas, casi imposible de describir. Era un joven de 26 años de edad. Estaba tendido de espalda, con los ojos cerrados, inconsciente de donde estaba y de toda cosa exterior, pero muy despierto y vivo en alguna experiencia extraordinaria que estaba viviendo. Golpeaba los talones contra el suelo con una rapidez como si estuviera corriendo. Esto lo hizo por un buen rato. Entonces como cansado, emitía suspiros como cobrando hálito. Otra vez corrió y otra vez descansó y así muchas veces. Entonces comenzó a tocar algún instrumento invisible como de cuerdas, lo que también con intervalos hizo muchas veces. Pasado esto, parecía estar en la presencia del diablo, pero como habiendo ganado una soberana victoria sobre él, con un tono del más completo desdén y desprecio y ademanes, decía,“Vencido eres. Vencido por la Sangre del Cordero. No tienes arte ni parte con nosotros. Vencido eres por la Sangre del Cordero”. Y otra vez el instrumento y otra vez “Vencido eres...” Y así muchas veces. Después marcando el tiempo con las dos manos extendidas como un conductor de orquesta, cantó estas palabras:

“¡Aleluya al cordero de Dios

Aleluya al cordero de Dios!

Que dio su sangre en la cruz

Por salvarnos de nuestros pecados”.

El hermano, cuando volvió en sí testificó que en el espíritu fue hecho un militar. Desde ese tiempo, en las reuniones, el mismo hermano, movido por el Espíritu Santo, se levantaba y poniéndose delante de la congregación les decía: Hermanos demos tres Glorias a Dios y se las daba como una salva militar. Y esta salva ha llegado a ser un distintivo de la Iglesia Pentecostal para enviar saludos a otras congregaciones, y también para recibirlas.

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La predicación al aire libre

No debe pasar desapercibido una manifestación que ha tenido importantes resultados. Esta es “La predicación al aire libre.”

El mismo Espíritu que motivó a un joven a salir a la calle para gritar: “Dios es amor”, impulsaba a los demás bautizados a pregonar a toda boca en las calles las misericordias de Dios con un fervor y valentía notables. Era generalmente un impulso completamente ajeno a su propósito o sus pensamientos y las exhortaciones y los mensajes venían con fervor y arrojo que eran manifiestamente fuera de lo natural de la persona; niños y niñas y mujeres tímidas hablaban con un poder que dominaba a los oyentes muchas veces haciéndoles temblar o llorar.

Tomando luz y ánimo de estas circunstancias comenzaron los hermanos a salir en grupos a predicar en las calles. No esperaban ya un impulso ‘sobrenatural’ o ‘irresistible’, sino que reconocieron que el mandato del Señor era: ¡Id y predicad el Evangelio a toda criatura! Pesaba sobre ellos ahora más que nunca, ya que habían esperado y recibido, “El poder de lo alto.” De manera que desde entonces, esta obra llegó a ser una parte integra de las actividades de la Iglesia, y muchas almas en la Iglesia atribuyen su salvación al mensaje oído en la calle.

Una cosa tan fuera de lo ordinario no podía sino llamar la atención de la gente y de las autoridades. Varias veces fueron llevados a la comisaría más cercana, lo que les daba oportunidad para dar testimonio de lo que Dios había hecho por ellos y lo que hará para los que se volvieran a Él. Las autoridades en muchos casos se prestaron a favorecer, en otros casos eran contrarios, pero nunca hallaron como castigar a los que se ocupaban solamente en bien de la humanidad, así es que los ponían en libertad.

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La Conferencia anual de 1910

La Conferencia Anual debía celebrarse en Valparaíso el día 4 de Febrero de 1910. Las circunstancias tanto material como espiritual eran favorables, para esperar una conferencia de grande bendición.

El espacioso templo, que daba cabida a 1500 personas, la cómoda casa pastoral, recién terminada, la ganancia de 220 hermanos probando en el año, la Escuela Dominical que se acercaba a los 600 de asistencia, la congregación de más de 900 miembros, el ánimo de la Iglesia entera, ferviente y activa, en fin, no pudo haber otro momento más propicio para una ocasión tan especial.

Se sabía que algunos criticaban la obra en Valparaíso, juzgando por lo que salía en la prensa y por los rumores equivocados que andaban en circulación, pero se confiaba de que, al venir y ver y palpar por sí mismos la obra maravillosa que Dios había hecho y estaba haciendo, los pastores se convencerían que la obra era de Dios y se animarían a hacer su parte para extenderla en sus respectivos campos de trabajo.

Los pastores y otros llegaron con algo de anticipación para estar en la apertura de la Conferencia, y algunos francamente para tener mayor oportunidad para conocer la obra. Encontraron una atmósfera ardiente e intensa de oración y actividad. Vieron y oyeron cosas nuevas, extrañas. Conversaron con el Pastor y con algunos de los obreros locales, conversaron con los que tenían las manifestaciones extrañas. Sin embargo por los prejuicios que llenaban sus almas, estaban confundidos. Comentaban, discutían, criticaban, apoyaban, rechazaban y condenaban.

“El Cristiano”, órgano oficial de la Iglesia, como ya hemos dicho, había cerrado sus columnas para toda noticia que emanara de la Iglesia de Valparaíso, pero las tenía abiertas para toda otra noticia, aunque fuera exagerada, torcida o falsa, que emanaba de los que criticaban la obra. Esto fue por varios meses, de manera que casi todos los pastores vinieron con ideas ya formadas con respecto al avivamiento. El mismo Obispo, por las cartas y cablegramas que llegaban de los que se oponían a la obra, vino con una marcada preocupación contra el pastor Hoover, de tal manera que nunca se permitió conversar con detención y libertad con él, sino que todo su trato fue brusco y antipático.

Uno de los trabajos principales de la Conferencia, a parte de lo rutinario, era tratar del asunto del Pastor de Valparaíso, el Rev. W. C. Hoover y su proceder en la dirección del avivamiento. Atendiendo a las acusaciones de algunos pastores, el Obispo nombró una Comisión disciplinaria de 9 presbíteros para indagar en la materia, y si así juzgaren, formular cargos en su contra. Por este motivo, en la recepción de los informes el nombre del Rev. Hoover fue omitido durante el trabajo de la Comisión disciplinaria. Así se vio un extraño espectáculo, el Pastor de la Iglesia más grande en Chile, que había gozado de un año de fenomenal prosperidad, añadiendo a la Iglesia 220 miembros probando, que estaba hospedando la Conferencia, fue tenido por reo, y fue mirado como un malhechor.

La Comisión no solo indagó el obrar del Pastor, sino que trataron a toda costa convencerle de que, según ellos, estaba errado en su proceder y a la vez inducirlo a usar su influencia para apagar el fuego que había en la Iglesia. Si bien es cierto todo esto lo hicieron de una manera muy sutil en cuanto a las palabras que usaron, sin embargo la intención era claramente poner fin a todas las manifestaciones, alegando que no provenían de Dios, y que eran escandalosas.

Al terminar una de las sesiones de la Comisión (las que celebraban en el estudio del Pastor), uno de los presbíteros se acercó al Pastor Hoover para reconvenirle con estas palabras: ‘Hermano Hoover, ¿porqué es tan obstinado usted? ¿No ve que todos los hermanos están de acuerdo en sus recomendaciones, y usted no cede ni un punto?, ¿porqué es tan obstinado?’ A lo que le Rev. Hoover le contestó: ‘Hermano mío, cuando mis hermanos (refiriéndose a su consiervos), o uno de ellos me muestre frutos de los métodos que ellos recomiendan, que puedan compararse con los frutos que Dios nos ha dado aquí en este año pasado, entonces será tiempo que yo ceda algún punto de ellos’. El hermano hizo un pequeño movimiento repentino, como si se le hubiera dado un palmazo liviano en la cara, y después de un momento dijo: ‘Cuando usted ha dicho eso, no hay respuesta.’ No obstante, la Comisión continuó su trabajo, presentando los siguientes cargos:

Cargo primero: Enseñanza y diseminación de doctrinas falsas y antimetodistas, publica y privadamente.

Cargo Segundo: Conducta gravemente imprudente.

A pesar de haber presentado su informe, la Comisión siguió haciendo presión sobre el pastor Hoover a tal extremo que le vino el pensamiento, que si pudiera verse personalmente con el Secretario de la “Sociedad Misionera” en Nueva York, podría mostrarles que en verdad la obra era de Dios y que debía ser apoyada. Con este pensamiento, en un momento cuando le urgieron sobremanera, dijo: ‘Bueno, mándenme a mi tierra.’Estas palabras llenaron de regocijo a los miembros de la Comisión, y con alegría dijeron: ‘Entonces retiramos los cargos.’ ¡No, no quiero que los retiren!, dijo el Rev. Hoover. ‘Si son justos, quiero que sean probados en el proceso.’ Entonces la Comisión dijo: ‘Los retiraremos.’ Fueron a la sala de la Conferencia, y con la misma unanimidad con que poco antes lo habían acordado, ahora los retiraron y votaron de eliminar del acta toda referencia al asunto.

Se hizo evidente el resultado de un proceso, y que los acuerdos no eran el fruto de las deliberaciones, y los criterios de los miembros, sino de la dominación de una o dos personas. Uno de los pastores después hizo un comentario: ‘Si el Obispo hubiera aprobado la obra, yo también la habría apoyado.’

Aunque las acusaciones fueron retiradas, la opinión acerca de la obra en Valparaíso no cambiaba. Por lo tanto en las actas de la Conferencia se dejó claramente expresada la oposición a la misma en la siguiente resolución:

“Por cuanto ciertas doctrinas falsas tales como la enseñanza de que el Bautismo del Espíritu Santo es acompañado por el don de lenguas, visiones, milagros de sanidad y otras manifestaciones, han sido diseminadas en varias partes de esta Conferencia y representadas como doctrinas de la Iglesia Metodista Episcopal, nosotros por la presente declaramos que aquellas doctrinas son antimetodistas, contrarias a las Escrituras e irracionales y nuestros miembros están avisados que no deben aceptarlas como las enseñanzas de nuestra Iglesia. Además, como una tal Elena Laidlaw ha estado pretendiendo ser profetisa enseñando doctrinas extrañas y contrarias a las Escrituras, ostensiblemente como exponente de enseñanzas metodistas, nosotros por la presente rechazamos a la tal, como que en ninguna manera es ella representante de la Iglesia Metodista Epicospal en doctrina, métodos o conducta; y advertimos a nuestros miembros contra los errores que ella ha tratado de diseminar entre ellos.”

Vale aclarar que la hermana Elena Laidlaw nunca pretendió ser una enseñadora, ni se autoproclamó ‘profetisa’. Este término nació entre los enemigos de la obra y fue usado solamente por ellos. Simplemente ella se limitaba a dar el testimonio de su experiencia donde era invitada o le permitían expresarse.

Solo al octavo día fue reconocido el Rev. Hoover como partícipe de la Conferencia, dándole lugar para que lea su informe.

Se dio lectura a los nombramientos. El Pastor Hoover fue nombrado otra vez a Valparaíso, con el entendimiento de que iba a preparar la iglesia para su sucesor y durante el año volver a los Estados Unidos. Se debe aclarar que el Pastor Hoover nunca pidió volver a su tierra, sino que fue presionado a que aceptara dicha propuesta, lo cual hizo a fin de buscar apoyo en la Sociedad Misionera. Las ‘vacaciones’ forzadas fue solo un disfraz para su eliminación de la obra en Valparaíso.

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Mi conciencia no me lo permite…

Pero para el Rev. Hoover no hubo sueño esa noche. Al cesar el torbellino exterior de críticas y contradicciones durante el cual su corazón había permanecido sereno y tranquilo y aún con gozo, comenzó en su interior otro torbellino mas terrible, que le quitó la tranquilidad. Es entonces que muchos cuestionamientos vinieron a su mente: “¿Qué he hecho? ¿Me darán la razón los secretarios de la Sociedad Misionera? ¿Qué será de mi rebaño? ¿Quedará en manos de enemigos? Y este precioso fuego que Dios ha encendido ¿Ha de ser apagado y el rebaño esparcido? Y yo ¿que estoy haciendo? Abandonando el campo de batalla. Un desertor. Un Jonás.” Y su conciencia lo acusaba de cobardía. En fin, siguió la tempestad hasta que se vio claramente que no era posible, con limpia conciencia, abandonar el campo donde Dios le había colocado y donde le había dado tantas pruebas de su amor. No obstante él había hecho un compromiso con el Obispo, de volverse a su tierra. Sin embargo el Obispo todavía estaba en Valparaíso, por lo cual decidió ir al Obispo a la mañana siguiente y declararle la imposibilidad de cumplir su promesa de irse de Valparaíso. Al formar esta resolución, volvió la tranquilidad y sintió el favor de Dios en su corazón. De manera similar a la lucha del Ángel de Dios con Jacob fue esta experiencia para el Rev. Hoover, salvo que en su caso no había resistido la voluntad de Dios, sino más bien su anhelo era saber cual era esa voluntad.

El sábado por la mañana vino el Obispo a la casa del pastor Hoover, lo cual le dio la oportunidad de expresarle su resolución en cuanto a su regreso a los Estados Unidos. El Obispo, por su parte se manifestó muy contrariado y alegó que cumpliera con su palabra de volverse a su tierra, a lo que el pastor solo respondió: “Mi conciencia no me lo permite. Sería reo ante Dios si me fuera. No me puedo ir.” El Obispo se retiró expresando la esperanza de que el pastor Hoover  reconsiderara y viera que era su deber cumplir su promesa.

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La separación definitiva

Se hizo presente en la Conferencia de 1910 una comisión de los disidentes de las iglesias de Santiago para hablar con el Obispo y para presentar su caso a la Conferencia. Tuvieron una entrevista con el Obispo y el prometió visitarles cuando viajara a Santiago. Sin embargo esta promesa, no fue cumplida. Nunca tuvieron la oportunidad, ni en la Conferencia, ni después de presentar su causa ante algún tribunal para consideración de sus méritos. De esta manera fue confirmada la separación de dos grupos numerosos de personas que, bajo cualquier aspecto, no eran los menos activos y espirituales en la iglesia.

La situación era más que delicada. Los dos grupos separados en Santiago no habían sido oídos ni atendidos, así que la separación fue algo permanente. A pesar de todos los esfuerzos del pastor Hoover para una reconciliación entre los disidentes y los pastores, el grupo salido de la primera Iglesia tomó las medidas necesarias para consolidarse como Iglesia y dar por sentado la ruptura definitiva con la Iglesia Metodista Episcopal. El grupo de la segunda Iglesia hizo algo parecido. Existió naturalmente una simpatía entre los dos grupos y el Pastor Hoover.

Con todo, las cosas seguían tensas. Si algún hermano iba a Santiago, se le daba una carta. Si era participante de la obra del avivamiento, naturalmente iba participar con los hermanos que fueron separados. Si optaba por asistir a la Iglesia Metodista Episcopal, se exponía a un ambiente hostil a sus experiencias. Si era nuevo, corría el riesgo de enfriarse y apartarse del Camino.

Los dos grupos en Santiago, separados sin haber estado en su ánimo que esto sucediera, eran inexpertos en todas las nuevas experiencias que vivían diariamente. Es por ello que pedían consejos al pastor Hoover al respecto.

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Renuncia del  W. C. Hoover

Llegaba el tiempo para que se realizara la primera Conferencia trimestral del año 1910, la fecha señalada fue el 4 de Abril, vino el Superintendente de Santiago y la presidió. Como se ha visto, el mismo era muy contrario a la obra de Valparaíso, y llegado el momento dejó ver su intención de usar toda su influencia para hacer cesar la obra de Valparaíso. Los miembros de la Junta Oficial de Valparaíso habían sufrido al ver la actitud del Superintendente de Santiago, Rev. Rice, durante la Conferencia anual y la atmósfera de la Conferencia trimestral por consiguiente estaba un poco tirante. Sin embargo, las preguntas rutinarias pasaron sin novedad, pero parecía que el Superintendente no estaba satisfecho de que la reunión terminara sin tener oportunidad para mostrar su autoridad. Bajo el acápite ‘otros asuntos’, introdujo la cuestión de “El Cristiano”, preguntando si se lo recomendaba a los miembros. Los hermanos, que  estaban heridos por la actitud tan injusta mantenida por los editores hacia la Iglesia de Valparaíso publicando sólo críticas e informes torcidos enviados por terceros, y no así noticias favorables con respecto al avivamiento, expresaron su malestar al Superintendente. Esto le dio a él la oportunidad deseada y los increpó, diciéndoles que si no apoyaban las instituciones de la Iglesia, no eran dignos de ser miembros oficiales de la Iglesia y que mejor renunciaran.

La reunión terminó con bastante tensión en el ánimo de los miembros de la Junta, como así el Superintendente, el Pastor Hoover se mostró tranquilo, pero a la vez confundido. Uno o dos días después, dos o tres oficiales vinieron al Pastor y le dijeron: “Pastor, nos vamos a separar de la Iglesia”. Esas palabras llegaron como una puñalada a la persona del Pastor, sus hermanos más fieles le estaban por abandonar en esta lucha, en lugar de estar a su lado sosteniéndole las manos. Les rogó para que no hicieran tal cosa, sin embargo la experiencia con el Superintendente los había puesto en una posición casi insostenible. Ellos insistieron y expusieron de esta manera sus fuertes razones: “Sí Pastor, nos vamos a separar, acaso, ¿no ve usted, como el Superintendente ha armado la guerra?, van trabajar para apagar la obra y esparcirnos, y le mandarán a su tierra y la obra será destruida; Vamos a separarnos ahora y cuando lo echen a usted entonces puede ser nuestro Pastor.”El Pastor Hoover vio la fuerza de sus razones y les rogó para que no hicieran nada apresuradamente, no obstante no pudo hacerles cambiar de idea. Frente a esta nueva situación que el Pastor Hoover se puso en oración junto a su esposa durante la semana. A pasar los días llegó a la siguiente conclusión:

“Mis amigos salen. Mis contrarios quedan. Quedo como Pastor de mis contrarios, y como Pastor de la Iglesia tendré que ser contrario a mis amigos que creen como yo; pero han salido. Cualquier gesto de amistad o tolerancia que muestre a mis amigos que están afuera será interpretado como traición a la Iglesia en cuyo servicio estoy. Es un papel imposible. Sin embargo, en mi corazón creo ante Dios, que su paso es justificado, ya que ellos fueron forzados a hacer lo que hicieron.”

Contemplando así las cosas, el Pastor Hoover y su esposa vieron lo difícil de la  situación. El sábado 9 de Abril su esposa le dijo: “Salgamos con ellos”. Esto hizo reflexionar al Pastor. Fue la espada que cortó el nudo indesatable. Entonces respondió: “Así lo haremos”

El domingo por la tarde, dieciocho miembros de la junta oficial se reunieron con el Pastor Hoover y su esposa para darles a conocer la declaración de su propósito de separarse de la Iglesia Metodista Episcopal. Fue entonces que el Pastor les declaró el resultado de sus reflexiones y su propósito de acompañarles junto a su esposa. Convinieron todos, a petición del Pastor, de guardar absoluto silencio por una semana para tener tiempo a fin de escribir su renuncia y luego leerla en la Iglesia el próximo domingo. A él le pareció prudente y sabio tener por escrito lo que dijera a la Iglesia sobre el asunto. Esto le permitiría corregir toda exageración de lo que dijera en dicha ocasión.

El domingo 17 de Abril de 1910 se celebró la Santa Cena y el Pastor resolvió no leer la renuncia hasta después del servicio de la noche. En la Escuela Dominical de la mañana, en secreto el Pastor pidió nuevamente al Señor una señal si era lo correcto lo que hacía, si  estaba en la voluntad de Dios. La congregación estaba de rodillas orando, cuando se levantó una joven, embriagada del Espíritu Santo. Pidió permiso para hablar. Al concedérsele dijo: “Esta noche vamos a comer la Pascua; cada uno vea que la sangre esté en el portal de su puerta”, y lo repitió otra vez. El Pastor quedó asombrado, por estas palabras, entendiendo que eran una respuesta instantánea a su petición por las siguientes razones: (1) La joven ignoraba lo que iba a suceder, (2) No podría haber sabido la petición del Pastor y (3) Al referirse a la Cena como “La Pascua”, era una manera extraña y fuera de lo ordinario, por fuerza llevó sus pensamientos a la propuesta y lo tomo como una aprobación al paso contemplado en secreto.

El día pasó sin novedad, la noche de la Santa Cena fue una ocasión memorable de como operó el Espíritu Santo de Dios. La gente parecía ebria, varias personas quedaban como colgadas sobre el altar y eran incapaces de retirarse con los demás y quedaban allí hasta que venían otros, dos personas se convirtieron durante el servicio, hallando el perdón de sus pecados en el acto de comulgar. Durante la hora y media que duró la administración de la Cena todos parecían estar absortos con el Señor y solo con Él. Algunos se reían, otros lloraban, otros hablaban, otros cantaban. Todos estaban ebrios del Espíritu. Fue un cuadro vivo de Efesios 5:18: “No os embriaguéis con vino…, mas embriagaos del Espíritu”.

Al terminar la administración de la Santa Cena, el Pastor se dirigió a la congregación de la siguiente manera:

“Mis queridos hermanos. Sé que entre vosotros corren muchos rumores, y que por eso, muchos están confusos, sin saber cual es la verdad, ni a qué atenerse en un caso semejante. La persona más llamada para aclarar las cosas es el Pastor.

Varios de vosotros han acudido directamente a mí y han recibido la explicación deseada, pero si viene cada uno, no terminaría nunca, de manera que he creído mi deber hablarles en este sentido.

Ustedes ya saben todo lo del año pasado, como reconocimos nuestras flaquezas y necesidades y, clamando a Dios, Él nos fue propicio mostrando su gloria. Ustedes saben como el enemigo sembró cizaña y amargó el espíritu de muchos. Así seguimos hasta la Conferencia, en donde se levantaron acusaciones en contra de vuestro Pastor, que según algunos, enseñé doctrinas antimetodistas y antiescriturales lo cual trajo gran dolor al corazón de toda la Iglesia por la  simpatía que tiene con su Pastor. También saben que a última hora esas acusaciones fueron retiradas, pero pocos saben el porqué. Ese fue en un momento de extraordinaria presión y que yo prometí volverme a los Estados Unidos. Sin embargo descubrí, en conciencia que no debía irme, y se lo hice saber al Obispo. Ustedes saben de las resoluciones acordadas en la Conferencia Anual respecto a las acusaciones en el mismo sentido contra el Pastor y que además fueron publicadas.

Aun así, la obra ha seguido bien durante estos meses, alentando nuestros corazones. Como Pastor, abrigaba la esperanza de que todo había pasado, hasta que recibí una carta indicando que el propósito era firme de mandarme a mi tierra, mas otras cartas cuestionando la dirección de la obra en la Iglesia. Todo eso pesaba sobre mi conciencia.

El día 4 de Abril se celebró la Conferencia Trimestral, y como el distrito ha sido unido con el de Santiago, el Superintendente vino y nos dirigió. La sesión se hizo con cortesía y calma, pero algunos hermanos sintieron presión sobre sus conciencias en referencia a las resoluciones pasadas por la Conferencia Anual, haciéndolas pasar sobre ellos como obligación, esto no lo han podido resistir. La semana pasada me llamaron algunos para decirme su resolución de retirarse de la Iglesia y me pidieron que les sea su Pastor siempre, sabiendo que la presión es con respecto a mí de igual manera que contra ellos, yo he accedido a su petición.

En estos días he mandado mi renuncia a la Sociedad Misionera, y al Obispo Señor Bristol. Al Superintendente de distrito Doctor Rice se la mandaré mañana.

He escrito a mi familia diciéndoles que no me esperen, estoy rompiendo relaciones con la organización de la Iglesia a la que he servido toda mi vida, sin embargo quiero que mis hermanos sepan que no he dejado de ser Metodista. Sigo a Wesley con toda fidelidad, no me he apartado de las doctrinas de Wesley ni de la Iglesia.

Si me retiro y tomo otro nombre, es solo porque me quieren despedir sin prueba de error. Me pongo en las manos de Dios para servir a Chile con todo mi corazón, como lo he servido hasta aquí. La voz de Dios está aquí, los que creen que mis enseñanzas les han llevado mas cerca del Señor y tienden a hacerles mas semejante a Él, me acompañaran.

Si algunos piensan ser más certera la voz que se ha levantado en mi contra, entonces se quedarán. Esta separación no es una guerra, es una separación, no del Metodismo, sino sencillamente del gobierno de la Iglesia Metodista, por causa de la conciencia.

No piense ninguno que hay algo de “Nacional”en este acto. Dios perdone tal pensamiento y nos libre de tal error. La hostilidad viene tanto de los pastores nacionales como de los misioneros. Tenemos nuestra vivienda en “La patria mejor”

Esta no es una hostilidad contra la Sociedad Misionera, ni tampoco a las misiones extranjeras. Mil veces no. El enemigo de las almas tendría justo en sembrar esa semilla infernal. Todo lo que el mundo entero sabe y experimenta del poder de la sangre de Jesucristo. Esto se debe a los servicios abnegados de los millares de cristianos que, siguiendo el ejemplo de su divino Maestro, han dejado casa, parentela y tierra en alegre obediencia a su mandato y si bien en cualquiera nación han reunido algo de dinero los del país, es una cosa poca en comparación con los millones de dólares que todos los años se esparce por el mundo en bien de la Evangelización de los perdidos en el pecado. Esta no es obra de capricho, ni de entusiasmo. No es falta de amor, por el contrario, queremos tener y practicar el amor perfecto, lo que alcanza para los que no son de nuestro parecer. Pedimos que Dios nos supla en todo lo que nos falte en esta dirección.

En resumen, hermanos, había delante de mí tres cosas:

Retractar, como que he enseñado errores, así apagando el fuego que Dios en su tierna misericordia nos envió respondiendo a nuestras perseverantes súplicas.

Volver a mi tierra como condenado sin ser oído, o;

Salir de la Iglesia

En un trance semejante Martín Lutero dijo: “Esperadlo todo de mí menos la fuga y la retracción. Huir no puedo y retractarme, mucho menos”. Hago mías estas palabras y me retiro de la Iglesia.

Nuestro propósito es seguir sirviendo a Dios de todo corazón, buscando el bautismo del Espíritu Santo para toda carne, armándonos para la salvación de Valparaíso con nueva abnegación y fervor, confiando en la viva palabra de Dios y la Sangre del Cordero, aplicadas a los corazones de los hombres por la obra y potencia del Espíritu Santo.

Ahora a mis queridos hermanos, una palabra. A los que habiendo reconocido el poder de Dios en la obra del año pasado y este, y creyendo que su Pastor les ha guiado en los caminos de la verdad y que me acompañan en mi retirada, deseo sobre todo, que se acuerden que nuestro lema es: “Manso cordero, el humilde amor”. Lo que tenemos que practicar en todas partes, en todo tiempo y más especialmente para con aquellos que nos critiquen y juzguen en este paso.

A los que, por motivo cualquiera, han sentido aflicción a causa de esta obra y han estado descontentos y creen que la Conferencia hizo bien en su actitud para con esta Iglesia y Pastor y optan por permanecer en la Iglesia, les ruego que nos miren con amor, nos juzguen con la caridad posible y se dediquen a la grande obra de volver a llenar al templo de pecadores salvados por la Sangre del Cordero, mientras nosotros trabajaremos en el mismo sentido en otra parte, de esta manera el deseo de todos, la salvación de Valparaíso, se realizará mas pronto. Que sea nuestra guerra contra el pecado y las huestes de Satanás y no contra nuestros hermanos.

Mi renuncia tomara efecto el 1° de Mayo o cuando el Señor Superintendente haya suplido el pulpito. No abandonaré el puesto, las reuniones seguirán su curso de costumbre, sin cambio alguno hasta nuevo aviso. Quizás el Jueves habrá mas noticias.

Después de la bendición la Junta Oficial pide una breve reunión de todos sus miembros en la casa del hermano Lewis, en el fondo del sitio.

Yo invito a los hermanos que deseen quedarse para orar, que se junten aquí, delante del altar, después que haya salido la congregación.

El lunes 18 de abril de 1910 fue mandada al Superintendente en Santiago la renuncia formal como miembro de la Conferencia. El miércoles 20 en el expreso de la mañana, vino a Valparaíso el Superintendente con un Pastor para tomar cargo de la Iglesia inmediatamente. No esperaron el día 1° de Mayo.

El Pastor Willis C. Hoover, al hacer entrega de la Iglesia y su obra, entregó también las credenciales de miembro d La Iglesia Metodista Episcopal. Así es que, el Pastor, fue relevado desde esa fecha, aunque continuó ocupando la casa Pastoral hasta el 1° de Mayo. El jueves 21 de Abril, en la noche el Superintendente se hizo cargo de la reunión y presentó al nuevo Pastor. La congregación ignoraba lo que había sucedido, asistió como de costumbre y fueron todos sorprendidos al encontrar a otro Pastor dirigiendo y a su Pastor sentado entre la congregación. El servicio fue corto y formal. Una vez finalizado se le ordenó a la congregación retirarse sin demora.

Después de la bendición los hermanos rodearon al Pastor Hoover y le despidieron con mucha emoción. Era realmente una despedida de aquel templo para dos tercios de la Iglesia, porque nunca más asistieron allí.

El Superintendente de Distrito, al recibirse de la dirección de la Iglesia, publicó en el diario “El Mercurio” de Valparaíso una noticia que decía que: “El Pastor ha sido retirado de la dirección de la Iglesia.” El Pastor Hoover, en interés de la verdad, publicó un sencillo desmentido de dicha declaración, con textuales palabras:“El Pastor Willis. C. Hoover, como ministro en pleno goce de mis derechos, me retiro de la Iglesia.” Así el público fue informado de los acontecimientos.

También se publicó en El Cristiano una nota referente a los sucesos (negando hasta el último una sola palabra del Pastor afectado) y como era natural y correcto también en las revistas misioneras de La Iglesia Misionera Episcopal por el mundo. De esta manera todo el mundo cristiano se impuso de los acontecimientos. El Pastor Hoover comenzó a recibir cartas de todas partes haciendo preguntas y comentarios sobre el suceso. De los colegas en Chile vino una y otra critica y exhortación, pero también vinieron varias de simpatía y de estímulo. De trece estados de los Estados Unidos y de siete naciones de Europa, Asia, África y Sudamérica vinieron cartas de amor y de simpatía.

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El renuevo

Fue así como la Iglesia se partió en dos, los que salieron, un número de más de cuatrocientos, que además eran los fervientes y activos, llenos de fe, y generosos en sus ofrendas para con el Señor. Su reflexión fue: “Dios que nos dio esta casa, puede darnos otra”.

Después de la separación de la Iglesia Metodista, los miembros se repartieron entre catorce hogares para reunirse, para un total de noventa y seis reuniones por semana. Los oficiales dirigían los servicios, y el pastor Hoover vigilaba el circuito, visitando cada local de reunión uno por uno. Todas las semanas los oficiales se reunían con Hoover para dar cuenta de la marcha de los servicios, como también de los fondos recibidos. Se hacían los programas para la semana siguiente. En todo caso Pastor y su familia eran sostenidos por la iglesia, mientras que los oficiales trabajaron en lo material, destinando parte de su tiempo al ministerio.

Este mismo sistema de sostener al pastor y su familia se conserva hasta hoy en la Iglesia Metodista Pentecostal y explica como un pastor puede ministrar las necesidades espirituales de un área tan extensa.

Solamente en 1914, la congregación pudo encontrar un lugar suficientemente grande que diera cabida a toda la congregación. Después de cambiarse varias veces, un local permanente se encontró para la Iglesia Matriz. El edificio se encuentra en calle Retamo que anteriormente había sido una bodega de licores.

El principal medio de difusión empleado fue, y sigue siendo hasta hoy, la predicación al aire libre, en la cual mujeres y hombres agradecidos por la obra que Jesús ha hecho en su vida, esparcen su testimonio a los cuatro vientos, inspirados por el Santo Espíritu de Dios, el cual es capaz de quebrantar los corazones más duros y rebeldes, trayendo las almas arrepentidas de sus pecados a los pies de su Salvador.

Ya por 1912 la Iglesia de Valparaíso había empezado con la prédica al aire libre. Debido a que esto era todavía ilegal, la policía, algunas veces, arrestaba a los participantes. Durante una oración, una tarde, se recibió una profecía nombrando a ciertas hermanas para hacer una visita al Ministro del Interior en Santiago. Las instrucciones fueron obedecidas y las hermanas fueron recibidas con éxito por el ministro quien simpatizaba con su causa y dio instrucciones a las autoridades de Valparaíso en el sentido de no molestar a los predicadores en la calle en el futuro.

Mientras la persecución oficial cesaba, la oposición no cambió. En una ocasión, mientras un grupo de mujeres estaba predicando en una esquina, un hombre a caballo se aproximó, jurando y blasfemando en alta voz, en un esfuerzo por interrumpir el servicio. La mujer que estaba dando el mensaje, detuvo súbitamente la prédica, miró directamente al perturbador, y dijo con tono autoritario, "toda lengua confesará a Dios y toda rodilla se doblará ante su presencia". Inmediatamente el caballo hincó sus patas delanteras y se mantuvo en esa posición, delante de todos. El blasfemó se atemorizó y los presentes glorificaron a Dios.

La prédica del Evangelio atrajo todo tipo de gente. Cuando las autoridades notaron que muchos de los que les ocasionaban problemas se transformaban al ser miembros practicantes de la Iglesia de Hoover, le enviaron una tarjeta de Año Nuevo, decorada con 24 fotografías de anteriores criminales que ya pertenecían a la iglesia de Mr. Hoover y no daban más problemas.

Debido a la intransigencia de algunos jerarcas eclesiásticos de la religión dominante, muchos hermanos nuestros fueron insultados, perseguidos, encarcelados y torturados. Hasta los niños debieron sufrir el escarnio de sus compañeros de estudios, que les tildaban despreciativamente de "canutos", en alusión al misionero Juan Bautista Canut de Bon, que se hizo famoso en el siglo XIX, por su empeño y métodos de predicación.

A pesar de esto, nuestros hermanos no se dejaron intimidar, y siguieron extendiendo el evangelio y construyendo templos a lo largo de todo el país. Eran capaces de recorrer distancias de hasta 300 kilómetros con el fin de llegar a las zonas más apartadas. Para realizar tales hazañas debieron ser víctimas de muchas privaciones, junto a sus pastores, llegando incluso a pasar hambre en ciertas ocasiones, por amor a la causa de Cristo. Sin duda Dios les bendijo con buenos frutos, tanto en lo espiritual como en lo material, ya que no perdían el tiempo con malos amigos ni se contaminaban con vicios, tales como el alcoholismo, el tabaquismo, la drogadicción, y otros que poco a poco han ido aumentando en nuestra sociedad.

Los dos grupos en Santiago que se habían separado anteriormente de la Iglesia Metodista Episcopal, en cuanto tuvieron noticias de lo ocurrido en Valparaíso, tomaron acuerdo oficial, cada grupo independientemente, invitando al Pastor de Valparaíso a ser Superintendente de ellos. La invitación fue aceptada. Así tomó forma orgánica una nueva Iglesia en Chile.

Después de algunas desaveniencias con varias juntas de oficiales que gobernaron la Primera Iglesia de Santiago, el Pastor Hoover, ahora como Superintendente General nombró a Carlos Leighton, de Angol, para que sirviera de pastor. Leighton acababa de dejar la Iglesia Metodista para unirse a los pentecostales, y era uno de los pocos pastores pentecostales con educación teológica al comienzo del movimiento. Fue nombrado en febrero de 1911; sin embargo, dos meses después de su nombramiento, se vio afectado por una parálisis por la cual no pudo cumplir con sus responsabilidades de pastor.

Después de mucha oración y consulta con la congregación, ellos aceptaron como su pastor a un recién llegado de San Francisco de Limache, Manuel Umaña Salinas. Cabe destacar que, a diferencia de los otros pastores, el Pastor Umaña no poseía estudios formales de teología, siendo dotado, en cambio, con una gran capacidad de liderazgo, basado principalmente en los dones de profecía y sanidad, y en el fruto de su trabajo, reflejado en el rápido crecimiento de su rebaño.

Mientras que confirmó a Víctor Pavéz Toro como Pastor de la Segunda Iglesia de Santiago.

El impacto del avivamiento pentecostal fue verdadero y profundo. En 1911, otros cinco pastores y con sus congregaciones abandonaron la Iglesia Metodista para unirse al nuevo movimiento. En 1913, una sexta iglesia Metodista de Santiago se pasó a los Pentecostales. No pasó mucho tiempo antes que las nuevas iglesias establecieran puntos de predicación en los alrededores. También comenzaron a enviar evangelistas a las otras ciudades, alcanzando hasta el extremo sur.

La primera Iglesia de Santiago, presidida por el pastor Umaña había crecido más que ninguna en el movimiento; y el pastor Hoover presintió que se aproximaba la hora en que la dirección debería estar sólidamente en manos chilenas.

Los que se habían separado de la Iglesia Metodista Episcopal ahora eran más numerosos que ella misma. Dios había usado a Hoover como instrumento para impregnar la iglesia de los métodos de cómo ganar almas y levantar iglesias, aun a costa de grande sacrificios. Dios también estaba levantando hombres ungidos y con poder.

Un soplo nuevo de avivamiento empezó en 1921 en la Iglesia del Pastor Daniel Venegas en Concepción, el cual se extendió a través de todo el país. Fue durante este tiempo que el "danzar en el Espíritu" empezó en forma generalizada en las iglesias, y esto ha sido desde entonces una característica en el movimiento pentecostal.

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Reconocimiento y gratitud:

Agradezco profundamente al Rev. Luis García Pérez que descansa en los brazos del Señor, haber sembrado en mi el interés de saber más de nuestra historia. Producto de esto es la presente compilación de material, la cual espero que sea útil a todos los que somos parte de la Iglesia Metodista Pentecostal en ocasión de la celebración del Centenario del Avivamiento Pentecostal.

 

 

 

 

Comentarios hacia esta página:

Comentado por jose( asamautonomayahoo.com ), 06-07-2013, 01:40:

A ratos me alegraba, a ratos me dio mucha tristeza, y sin embargo fue un propósito del Señor,solo espero que esta vez cuando una vez mas sea derramado el Espíritu Santo se haya aprendido de esta triste lección.

Hoy sólo vivimos del recuerdo de aquellos tiempos gloriosos, y  de aquellos hombres de Dios que con tanto esfuerzo  y dedicación pavimentaron un camino de fuego y de poder en el Espíritu Santo. Siervos de Dios que si se levantaran se avergonzarían del estado actual de las Iglesias que hoy se dicen pentacostales.

 

 

 

 

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